María Jesús Puertas Gallego
¿Qué es lo que más te apasiona de la genética?
La potencia del análisis genético. El análisis de la herencia mendeliana sencilla, los caracteres ligados al sexo, el análisis del ligamiento y las pruebas de complementación son ejemplos clásicos de cómo el recuento de las descendencias de cruzamientos entre mutantes lleva a resultados concluyentes para definir y comprender la base de las funciones biológicas.
El análisis genético se extiende a la identificación y localización, mediante técnicas moleculares y citogenéticas, de secuencias de DNA o RNA, la identificación de virus, bacterias y otros microorganismos, al diagnóstico de enfermedades y anomalías cromosómicas, al establecimiento de filogenias, comparación de genomas, etc., aportando asimismo resultados concluyentes en los múltiples campos donde puede aplicarse.
¿Cómo empezó tu viaje en la genética? ¿Te influyó alguna persona en concreto? ¿Alguna lectura en concreto?
Mi viaje empezó en la primera clase con Sánchez-Monge. Acostumbrada a las lecciones aburridas de muchos profesores de aquel tiempo, sus clases me descubrieron lo extraordinario de la Genética.
Los libros de texto clásicos me hicieron entusiasmarme con la Genética. Describían los ingeniosos experimentos de los investigadores que pusieron los cimientos del edificio. Todo era nuevo en la primera mitad del siglo XX, así que aquellos investigadores no tenían hombros de gigantes en los que apoyarse. Ellos eran los propios gigantes, en cuyos hombros se ha apoyado todo lo que ha venido después.
Cuéntanos un logro o un momento clave de tu trayectoria
Mi tesis doctoral trataba de la transmisión de los cromosomas B, tema con el que he seguido trabajando durante toda mi trayectoria profesional. Los cromosomas B son “pasajeros del genoma” como cromosomas independientes, supernumerarios del complemento normal, que tienen transmisión preferente mediante mecanismos citogenéticos que impulsan su transmisión mayor que la mendeliana a la generación siguiente, a pesar de provocar efectos deletéreos en los organismos que los contienen.
No puedo hablar de un “momento clave” en mi trayectoria, sino de una serie de experimentos que nos llevaron a determinar el control genético de la transmisión no mendeliana de los cromosomas B, principalmente en centeno y en maíz. Quizá el “momento” más bonito fue al comprobar que nuestros datos experimentales en especies de plantas encajaban con la teoría de coevolución de ataque (de los Bs) y defensa (de los cromosomas del complemento normal) hasta la neutralización del efecto de los Bs, propuesta por el grupo de JP Camacho y J Cabrero (Univ. Granada) para explicar la dinámica del polimorfismo para cromosomas B para el saltamontes Eyprepocnemis plorans.
Además de llevarnos muy bien con el grupo de Granada, fueron determinantes en nuestros logros en la investigación de los cromosomas B, la colaboración con Neil Jones (Univ. Aberystwyth) con Lidia Poggio (Univ. Buenos Aires) y con Andreas Houben (IPK, Alemania) que nos proporcionaron, material, conocimientos y ayuda en muchos campos.
La evolución cromosómica me ha interesado siempre. Tanto la evolución de los propios cromosomas, como por ejemplo la evolución del cromosoma procariótico al eucariótico y la evolución de sus componentes (centrómero, telómeros, etc.), como los polimorfismos cromosómicos y la especiación relacionada con la evolución cariotípica. Este interés me llevó a impartir las asignaturas de Evolución celular y Citogenética Evolutiva, que compartí con Juan Luis Santos durante años y disfruté mucho tanto preparando las clases como realizando las prácticas.
¿En qué líneas de investigación estás trabajando ahora?
Yo me jubilé voluntariamente en 2013 y colgué la bata sin mirar atrás. El “Plan de estudios Bolonia” no me gustaba nada y las dificultades para conseguir financiación eran cada vez más agobiantes, así que decidí que era el momento de dedicarme a hacer las otras cosas con las que disfrutaba y para las que nunca había tenido tiempo.
Mis últimos trabajos en activo fueron por dos caminos. Por un lado, junto con M. González-Sánchez, utilizamos nuestra experiencia citogenética para visualizar la inserción de fragmentos de DNA mitocondrial en el DNA nuclear en hepatocitos de rata, proponiendo con los grupos de Gustavo Barja (Univ. Complutense) y Juan Sastre (Univ. Valencia) la nueva hipótesis de que la inserción de estos fragmentos contribuía al envejecimiento y las enfermedades relacionadas, por producir alteraciones en el DNA nuclear.
Otros trabajos, junto a JM Vega, se relacionaron con la actividad del centrómero. Si siempre había estudiado cromosomas “raritos” como los cromosomas B, en esta época también me dediqué a estudiar centrómeros raritos, como los fascinantes cromosomas holocinéticos, que no tienen un cinetocoro único, sino una placa cinetocórica a lo largo de toda, o casi toda, su longitud y muestran numerosas características estructurales y funcionales conocidas como el “síndrome holocinético” que han evolucionado independientemente en ciertas especies animales y vegetales.
Asimismo, publiqué varios trabajos sobre neocentrómeros en plantas, que son regiones cromosómicas diferentes del centrómero en estructura, secuencia y localización, pero que adquieren la propiedad de dirigirse a los polos durante la meiosis. Intrigantes, fascinantes y bellísimos de observar por el microscopio.
Mi último trabajo antes de jubilarme fue un artículo sobre la evolución del centrómero primitivo publicado en 2013 junto con Alfredo Villasante. El recuerdo de mis conversaciones con Alfredo mientras preparábamos este artículo son uno de mis más preciados tesoros. Era una de las personas con conocimientos más extensos y profundos con los que he tenido el placer de trabajar.
¿En qué crees que este proyecto puede contribuir al avance del conocimiento científico?
No es necesario remarcar la importancia de la investigación sobre las causas del envejecimiento. Todo el mundo conoce desde mayor o menor proximidad el enorme sufrimiento causado por las enfermedades asociadas al envejecimiento, particularmente las enfermedades neurodegenerativas. De ahí que haya hoy día un esfuerzo enorme en este campo en todo el mundo, al margen del gigantesco beneficio económico que podrían amasar quienes consiguieran la píldora de la juventud. Pero de este tema prefiero no hablar. Ni de la píldora que aumentara la longevidad tampoco… ¿os imagináis que Fulanito y Menganito (aquí que cada uno ponga su nombre preferido) tuvieran la oportunidad de vivir muchos años más fastidiando al mundo?
En la actualidad me dedico al envejecimiento de otra manera. Desde que me jubilé soy voluntaria en el Ayuntamiento de las Rozas impartiendo clases de Nuevas Tecnologías. El nombre es muy pomposo, pero lo que yo hago es ayudar a las personas mayores a manejarse en el uso básico del teléfono móvil y del ordenador. Nunca he tenido unos alumnos más interesados ni más agradecidos. Creo que el efecto positivo que observo sobre el envejecimiento es evidente. De momento cada clase funciona como una píldora antienvejecimiento de gran calidad.
¿Cómo te ha ayudado la Sociedad Española de Genética?
La SEG me ha ayudado de muchas maneras. Me ayudó a dar mis primeros pasos en el mundo de las reuniones científicas y en el conocimiento de otros grupos de trabajo. También hice amistades duraderas, que es un tesoro tan valioso como el aprendizaje de la ciencia que me aportaban.
Después he colaborado asiduamente con la SEG. He asistido a casi todas las Jornadas Luso-Españolas de Genética, a los congresos de la SEG y a las reuniones de la sección de Citogenética, presentando comunicaciones, poster o conferencias.
También he colaborado en la gestión de la SEG. He sido Tesorera (1994-1998) en la etapa que fue Presidenta la inolvidable Roser González. He sido Vocal de la Junta Directiva (2001-2003), Presidenta del Comité Organizador del Congreso organizado por la UCM en Septiembre de 2003 y finalmente Presidenta de la SEG en 2006-2010.
Durante mi etapa de Presidenta asistí a todos los eventos organizados por la SEG y puedo asegurar que me han ayudado a conocer, respetar y valorar profundamente a los profesionales de la Genética en España.
¿Por qué crees que deben unirse las nuevas generaciones a SEG?
Gracias a la SEG yo he aprendido muchas cosas. He conocido la docencia y la investigación que se hace en España. He hecho amistad con personas extraordinarias que me han beneficiado en múltiples facetas. He mantenido contactos científicos y personales muy preciados.
Todo lo que he recibido de la SEG ha sido valioso y favorable para mí. Así que les diría a los jóvenes: si queréis que os suceda algo parecido, apuntaos a la SEG.
¿En qué campos científicos relacionados con la Genética piensas que se va a producir un mayor desarrollo para la sociedad?
No se me ocurre ningún aspecto del desarrollo social en el que la Genética no pueda contribuir. En los pilares básicos que sustentan la felicidad de las personas: salud y alimentación, la mejora que produce la aplicación del conocimiento genético no necesita subrayarse. Satisfechas las necesidades básicas, primum vivere deinde philosophari, el conocimiento científico y en particular la profundidad del conocimiento biológico que aporta la Genética contribuye al progreso social. Sólo un ejemplo, los conocimientos que se van adquiriendo sobre el origen y la evolución del ser humano como especie biológica, sin duda van contribuyendo, lenta pero imparablemente, a cambios de mentalidad que favorecen el progreso, el bienestar y la dignidad de todas las personas.
Si pudieras describir tu trabajo en unas palabras ¿cuáles serían?
Ramón y Cajal recomienda a los investigadores ilustrar la inteligencia y tonificar la voluntad, además de tener independencia mental, curiosidad intelectual y perseverancia en el trabajo. Creo que estas cualidades las he tenido, o al menos he intentado ponerlas en práctica en el laboratorio y transmitirlas en el aula.
Si fueras un gen, ¿qué función cumplirías?
Todas las funciones génicas me parecen interesantísimas y me gustaría saberlo todo sobre cada una de ellas, pero si debo elegir una, me quedo con la función centromérica.
Sí, ya sé que el centrómero no es un gen según la definición canónica de gen, pero el centrómero, que contiene secuencias repetidas complicadas, cumple la función genética fundamental de asegurar el reparto del material genético de la manera exacta para que la vida se transmita.
A mí me gustaría meterme dentro de un centrómero para ver todo lo que es capaz de hacer y saber cómo lo consigue. En la mitosis, separando las cromátidas hermanas para repartir idéntico material genético en las células hijas. En la meiosis para reducir el número cromosómico de diploide a haploide repartiendo cromosomas homólogos en la primera división y volviendo a separar cromátidas en la segunda para preparar los cuatro productos meióticos recombinantes listos para formar gametos en la reproducción sexual. También me gustaría entrar en los cromosomas con centrómeros que no siguen las reglas, sino que hacen la vida por su cuenta, como los cromosomas B, que se comportan de modo diferente durante la mitosis, la meiosis o la gametogénesis, justo cuando les conviene para transmitirse preferencialmente.
Y sobre todo, me gustaría contemplar y comprender todos los detalles de esa coreografía maravillosa con la que se mueven los cromosomas unidos a los microtúbulos, permitiendo la transmisión de la vida.