‘La osadía de Eva’ es la novela recientemente publicada por Sebastián Chávez, catedrático de Genética de la Universidad de Sevilla y socio de la SEG.
Ofrecemos como su reseña el texto de la intervención pronunciada por Francisco García Olmedo el pasado día 25 de noviembre de 2025, con motivo de la presentación del libro en la sede de la Real Academia de Ingeniería en Madrid.
Francisco García Olmedo es licenciado en Química, doctor ingeniero agrónomo y pionero de la Ingeniería Genética de plantas en España. De 1970 a 2008 fue catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid. Es autor asimismo de numerosos libros de divulgación científica, narrativa de ficción y poesía.
EL MAESTRO PACO GARCÍA QUE ESTABA ALLÍ
Intervención de Francisco García Olmedo
Cuando Sebastián Chávez me invitó a presentar su primera novela me sentí alagado y acepté la invitación en el acto. Luego vinieron las dudas: durante décadas yo había escrito asiduamente decenas de reseñas en revistas como El Cultural/El Mundo, Revista de Libros, Saber/Leer y varias más, principalmente de libros de ensayo o de divulgación, y con menos frecuencia de narrativa, pero nunca había reseñado un thriller. En los libros de intriga hay que andar con cuidado de no romper los misterios y eso me dejaba con pocas cosas que decir aquí. Sin embargo, desde el principio de la lectura tuve la sensación de que yo había vivido la historia que se contaba y de aquí partió la idea del título y de la orientación de estas palabras.
Como título de mi intervención, ‘El maestro Paco García que estaba allí’ se inspira en el del famoso libro ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí’, de otro escritor sevillano de apellido casi idéntico al de Sebastián, que está siendo reivindicado ahora, después de años de muy injusto olvido. Chaves Nogales fue tal vez el escritor periodista más original de la primera mitad del pasado siglo y el maestro Juan Martínez es un bailaor que con su mujer recorre la Unión Soviética durante la Revolución Bolchevique y describe como le fue.
De entrada, ‘La osadía de Eva’ es un estupendo thriller en el que su autor maneja los resortes del subgénero con una soltura y una maestría que sorprenden en una primera novela. Además, esta novela es mucho más que un thriller en cuanto retrata espléndidamente una ciudad, Sevilla, un ámbito profesional, el de la moderna investigación científica y su relación con las industrias, una sociología, la del trabajo de investigación en equipo, y las gracias específicas de dos grandes áreas de indagación, la Arqueología y la Biotecnología Vegetal, divulgadas ambas con gran eficacia.
Sebastián ha empezado a escribir fuera de su profesión después de los sesenta años, la misma edad a la que yo hice lo propio hace casi treinta. Me conozco perfectamente las dificultades que ha debido encarar al saltar de la prosa prescrita para el paper a la que conviene a la novela. Lampedusa decía algo así como que en la Literatura hay escritores ‘magros’ y ‘grasos’. En Ciencia solo cabe lo telegráfico. Un solo ejemplo basta para ilustrar esta circunstancia: el trabajo más famoso e influyente de la Biología en el siglo XX, que fue probablemente el que comunicó el descubrimiento de ‘la doble hélice’ en la revista Nature, tuvo que caber en el límite de mil palabras, límite impuesto por dicha revista.
Cuando estuve en la misma situación que Sebastián, ocurrió que en el primer borrador de mi primer libro me tuvieron que corregir línea por línea porque, sin proponérmelo, había pensado las frases en inglés, lengua franca de la Ciencia, luego las había traducido casi literalmente al español. El caso era que me sonaban muy bien.
Chávez escribe una prosa bien esponjada que fluye con naturalidad y controla las florituras, las digresiones y los adjetivos, sirviendo muy bien a los fines de la narración. Al maestro Raymond Chandler le tenía yo por escritor algo inculto hasta que leí su biografía y comprobé que fue educado en la alta cultura, gracias a que un tío suyo adinerado lo mandó a estudiar a Inglaterra donde ‘leyó a los clásicos’. Chandler restringe sus frases más ingeniosas a una por página.
Sebastián inicia aquí un camino que puede ser tan gozoso en las décadas venideras como lo ha sido para mí en el pasado. Escribir ha sido una de las aventuras más plenas de mi vida. Algunos escritores que se llaman a sí mismos ‘profesionales` suelen desdeñar a los que no pretenden serlo. Juanjo Millás, por ejemplo, es reincidente en este desdén: su última novela se titula nada menos que ‘Ese imbécil va a escribir una novela’, un título deleznable que va contra la libertad de expresión y se opone a que cualquier ciudadano practique una actividad que le permite dar lo mejor de sí mismo, independientemente de que luego tenga dos lectores o un millón. Millás tiene problemas al poner títulos a sus novelas: el de una de ellas se lo tuvo que ganar a Gándara a las cartas. No parece que él sea ‘novelista profesional’ en cuanto a que se haya ganado la vida con sus novelas, a juzgar por las magníficas, muy numerosas y a veces redundantes columnas periodísticas que ha debido escribir.
¡No dudo en recomendar la lectura de este libro, ‘La osadía de Eva’!
Si se tratara aquí de hacer una reseña, tendría ahora que exponer las razones que apoyan esta rotunda afirmación, pero he optado por usar un argumento de autoridad (eso que dicen que no debe hacerse pero que no es infrecuente en la crítica literaria): El hecho de que ‘el maestro Paco García que estaba allí’, como personaje anónimo o como testigo de excepción, debería dar peso a la citada afirmación.
Entre los numerosos personajes de la trama, bien descritos y caracterizados, hay tres centrales: una mujer asesinada, la brillante arqueóloga Vera Melgar, el marido y acusado del crimen, Dámaso Dorado, agrónomo molecular, y Carmen Laguillo, abogada laboralista de oficio que investiga la muerte de Vera.
Dámaso
Aunque no es el caso, el personaje de Dámaso, el presunto asesino, podría muy bien estar inspirado en el Maestro Paco García que, como él, fue agrónomo molecular y le dedicó muchos años al trigo, primero caracterizando las proteínas del grano, incluidas algunas del gluten, estudiando su genética y luego clonando los genes correspondientes e indagando en sus funciones biológicas.
El proyecto estrella de Dámaso es en extremo ambicioso, ya que trata de privar al trigo de unos componentes del gluten que causan la enfermedad celiaca a una fracción sensible de la población y se enfrenta al problema potencial de que al eliminar esos factores elimine también la gracia del gluten para hacer de la harina de trigo hexaploide la única que rinde un pan con el alveolado y el volumen apropiados. Se sabe cuál es el proyecto real que inspira a Chávez pero no digamos el nombre de quien lo dirige no vaya a ser acusado de asesinato en la vida real.
En coincidencia con Dámaso, resulta que varias de las proteínas del grano investigadas por el Maestro García, que protegen frente a insectos al inhibir enzimas digestivas de éstos, fueron identificadas luego por un grupo de su laboratorio como los alérgenos responsables del ‘asma del panadero’ y también de la ‘del carpintero’, afecciones que, como el celiaquismo, afectan pequeñas fracciones sensibles de la población.
El Maestro ha dado conferencias en el mismo instituto de CSIC de la Isla de la Cartuja donde trabaja Dámaso, quien además se ha visto involucrado en la creación de spin-offs y start-ups, así como en el enredoso trato con multinacionales, actividad tampoco ajena al Maestro (En el CBGP de la UPM se han creado varias empresas, alguna con éxito internacional). La empresa de Dámaso se llama Laura Biotech y se relaciona con las multinacionales Wheatfield (en sevillano, Güilfil) y Doyer, cuya fácil identificación con las reales se omite para evitar problemas.
Según se cuenta en la novela, Dámaso realizó por invitación una estancia en el Instituto Max Planck de Colonia (Alemania), centro especializado en Botánica Molecular en el que el Maestro García fue miembro de su comité científico durante una década.
Para terminar con esta enumeración, no se sorprenderán ya si les digo que el Maestro y Dámaso además han compartido una gran admiración por Joan Margarit. Chávez alude repetidamente en la novela a esta admiración por el excelso poeta y el Maestro tuvo la suerte de conocerlo y tratarlo en esta misma casa, con menos asiduidad de lo que le hubiera gustado, así como de haber oído su voz grave y misteriosa en muchos de sus recitales, en uno de ellos acompañado musicalmente por su hijo. En una ocasión se sacó un cuadernillo del bolsillo y le dijo al Maestro que lo llevaba siempre para apuntar los versos que se le iban ocurriendo. El Maestro asistió también a un homenaje póstumo en esta casa en el que participó el poeta Luis García Montero, un común amigo.
Vera
La asesinada, Vera, es mujer de Dámaso y, como éste, una investigadora de élite, al día en las más sofisticadas técnicas de la Arqueología, tras un periodo de formación en Alemania. Está codirigiendo unas excavaciones en el Líbano junto a otra especialista norteamericana con la que se ha llegado a enfrentar porque le ha surgido la idea de investigar un asunto que se desvía del propósito inicial del proyecto conjunto. Chávez retrata muy bien los conflictos, las pasiones, los desencuentros, las envidias, las rivalidades y las injusticias que pueden generarse en el seno de un equipo de investigación.
El tema del conflicto de Vera es su encandilamiento con unos indicios que aparecen en el curso de la investigación principal, que inciden sobre los posibles fecha y lugar de domesticación de la higuera, domesticación de una especie arbórea que pudo anteceder a la de las especies herbáceas, como el trigo, otros cereales y algunas leguminosas que fundaron y alimentaron lo que podríamos llamar la Civilización Occidental.
La biología sexual de la higuera es en extremo enrevesada y no es el momento de explicarla aquí (lean la novela), pero daré dos pinceladas: una higuera silvestre como el sicomoro necesita para dar higos el concurso de una avispa (Blastophaga psenes) que la polinice, un fenómeno llamado mutualismo. Así, cuando los egipcios importaron esquejes de sicomoro del Sudán y los plantaron, obtuvieron higueras, pero no higos porque habían dejado atrás a la avispa. Lo resolvieron empíricamente haciendo pequeñas incisiones que conducían a la maduración. Hoy sabemos que la herida inducía la producción de etileno por la planta y que este gas es la hormona de la maduración. Lo que quería confirmar Vera era la fecha de domesticación de una higuera que no necesitaba ni insecto ni mutualismo ni incisión para dar higos.
En su primer libro de divulgación, ‘La tercera revolución verde’, el Maestro García se había referido al proceso de domesticación, al de creación de la planta agrícola, como a una innovación que fue imprescindible pero no suficiente para la implementación de la práctica agronómica, ya que fueron necesarias otras innovaciones, tales como la del campo de cultivo, la del riego o las de las herramientas específicas, para crear eso que hoy podríamos describir como el ‘paquete tecnológico’ llamado Agricultura. Cuando se publicó ese libro no se sabía todavía la fecha de domesticación de la higuera. Años más tarde, en un segundo libro titulado ‘El ingenio y el hambre’, García abordó el surgimiento de la Agricultura y pudo ya datar la domesticación de la higuera partenocárpica en 11,4 milenios antes del presente en el valle del rio Jordán, gracias a un trabajo aparecido en la revista ‘Science’ (2006).
Carmen
Carmen es el personaje que, en sus acciones, va de ceca en meca y acaba dibujando el mapa de Sevilla, sus paisajes, sus calles y costumbres, sus rutas de tapas… Joven, tozuda y fan de Marsé, su novela favorita es ‘Últimas tardes con Teresa’, esta abogada de oficio, en su primer caso de asesinato, busca al verdadero culpable por todos los rincones:
El bufete que la acoge tiene vistas al llamado monumento ‘de las setas’, producto de la Expo Internacional del 1992. Está en la plaza de la Encarnación, junto al antiguo mercado homónimo, y cerca de la calle Feria, donde nació el famoso torero Belmonte, sobre el que el anterior Chaves escribió una original biografía cuya lectura recomiendo también.
La calle Laraña desemboca también en la Encarnación y en su esquina estaba La Universidad a cuyos balcones principales daban los laboratorios del padre del Maestro García, junto al museo-gabinete que creó en el siglo XIX el abuelo de los poetas Machado. Precisamente, el padre del Maestro daba sus clases ‘de madrugada’ (entonces, las 9:00 h) y después iba hasta el bar ‘Los Corales’, en la calle Sierpes, y tomaba café con el citado Belmonte y Rafael el Gayo, entre otras personas.
Los del bufete bajan con frecuencia a la taberna Zurbarán, cuya tapa estrella es la de ‘garbanzos con espinacas’. Esa tapa será motivo de peregrinación a lo largo de los años para el Maestro en sus visitas a Sevilla.
Muy cerca de la Encarnación está también el colegio al que asistió el Maestro y, para su sorpresa hace sólo unos días, ha sabido que es el mismo colegio del autor Sebastián Chávez, casi tres décadas después. Ahora los libros de uno y otro están en la recién creada sección de libros de exalumnos de la biblioteca del centro.
Del bufete a los juzgados del Prado de San Sebastián y de vuelta se tiene que desplazar constantemente Carmen. ‘El Prado’ fue antes el Real de la Feria de Sevilla y, cuando terminaba ésta, se convertía en una multitud de campos de futbol improvisados para los jóvenes de todas las edades y clases sociales. En el solar de los juzgados perdió el Maestro su nariz griega y se fracturó una pierna jugando con los chicos mayores. También, a sus diez años, probó su primera cerveza en un chiringuito provisional allí mismo y vio sus primeras películas, a veces dos a un tiempo, desde fuera de los cines de verano allí instalados. El Maestro vivía en el América Palace, un hotel de la Expo de 1929 convertido en pisos frente al cual se acabaron construyendo los juzgados.
Al ‘Prado’ también da una fachada de la Fábrica de Tabacos, famoso edificio industrial que acabó convirtiéndose en la principal sede de la Universidad de Sevilla cuando se trasladó desde la calle Laraña. Carmen entra y sale a menudo de ese edificio, unas veces clandestinamente y otras a la luz del día, en el curso de sus indagaciones sobre la cátedra de Vera, la asesinada. El Maestro, como alumno, y su padre, como profesor, estrenaron allí la Facultad de Química.
La acción también se desarrolla por momentos en un nuevo campus, situado en el entorno de la calle Reina Mercedes, calle a la que cruza otra dedicada al padre del Maestro.
Y otros parajes importantes en la acción son los situados en los altos al otro lado del Guadalquivir: Chávez cita el monumento de San Juan de Aznalfarache, una especie de ‘Basílica de Cuelgamuros’ que se construyó el Cardenal Segura como futura tumba, y las urbanizaciones del Aljarafe, donde habitan muchos profesores como el matrimonio de Dámaso y Vera. El citado cardenal había declarado como ‘pecados reservados’ el aborto y el baile. El maestro tendría que posponer su aprendizaje del baile varios años hasta una travesía hacia América con un millar de jóvenes de ambos sexos de una veintena de países.
Como habrán comprobado, el Maestro podría haber sido personaje anónimo o testigo de excepción o hasta modelo del personaje principal. Ya puestos, podía incluso haber escrito esta novela pero, sin duda, lo habría hecho mucho peor que su verdadero autor.
Con estos recuerdos de anciano espero convencerlos de que el Maestro Paco García que estaba allí tiene autoridad suficiente para recomendarles vivamente la novela de nuestro nuevo Chávez, ‘La osadía de Eva’.
Reseña elaborada por: Francisco García Olmedo